Durante casi medio siglo, su vida estuvo enlazada a su condición de nodocente de la UNS, desde la que vivió el nacimiento del amor, la familia y el compañerismo. Cuando las densas oscuridades invadieron la institución, dejaron marcas muy parecidas al Infierno de sus pesadillas de infancia, surgidas de las clases en un colegio confesional.
Su carrera como trabajadora de la UNS inició en 1963, con pasos por el área de Suministros, los departamentos de Física, Ciencias Exactas y Química e Ingeniería Química, y la gestoría de la institución en Buenos Aires.
En un asado de la gremial Asociación de Trabajadores de la UNS (ATUNS) conoció a Néstor del Río, con el que pasaron a compartir vida y militancia. Sin alcanzar el grado de participación de su compañero, ella sufrió sanciones que buscaban disciplinar la adhesión a medidas determinadas por el gremio.
En abril de 1975, la intervención del nazi rumano Remus Tetu dispuso la cesantía de la pareja, aunque en ambos casos la medida se revertiría dos semanas más tarde, tras un reclamo sindical al rector interventor.
El 17 de marzo de 1976, una semana antes del inicio formal de la última dictadura, el hogar familiar fue sacudido con la irrupción de una patota que trató de llevarse a su marido. El operativo incluyó también la frustrada búsqueda de Carlos Martirena, docente de la UNS y vecino del lugar. La reacción barrial impidió el secuestro de Néstor, víctima de una golpiza que sus agresores completarían cuatro días después, cuando fue asesinado en la sala del Hospital Municipal en que permanecía internado con graves lesiones.
El hecho, que permaneció impune por décadas, marcó la vida familiar. Tras una licencia laboral de un año, debió reintegrarse a la UNS para no perder su trabajo, y debió convivir con las ausencias de las víctimas y la presencia de los victimarios. Desde entonces, transitó junto a la UNS las décadas de la normalización democrática y paulatina recuperación de la memoria histórica. Se jubiló en 2012, año en que se creó la Subsecretaría de Derechos Humanos de la UNS y se dictó la primera sentencia local contra represores de la dictadura, que incluyó el abordaje del homicidio de Néstor.
Aquí puede leerse, íntegro, el informe elaborado por el Núcleo de Historia Reciente de la UNS.