Un mediodía, en San Luis, escuchó su nombre en la radio. En Bahía Blanca, la tríada castrense, judicial y mediática lo señalaba como parte de una “infiltración marxista” en la UNS. Corrían ya los primeros meses de la última dictadura, y desde el año anterior él no formaba parte del plantel nodocente de la institución. Remus Tetu había resuelto su cesantía en abril de 1975, y la Triple A que el rector interventor lideraba tenía a la gremial Asociación de Trabajadores de la UNS (ATUNS) entre sus objetivos.
Él tenía activa participación en el gremio, como parte de una trayectoria laboral que se remontaba a una década atrás. Había ingresado a la planta en 1965, al tiempo que iniciaba la carrera de Contador Público, tras su egreso de la Escuela Superior de Comercio como perito mercantil. En sus diez años como nodocente de la UNS prestó servicios en la Mesa de Entradas del Rectorado y las áreas de Suministros y de Rendición de Cuentas.
Durante ese lapso, fue protagonista de las luchas que en la penúltima dictadura unieron a trabajadores y estudiantes. Uno de los ejemplos más nítidos a nivel local fue la toma de la UNS de septiembre de 1970, por la que fue detenido y confinado en la cárcel bahiense. Hasta su liberación, a fines de ese año, en paredes de todo el país aparecían pintadas que reclamaban por su situación. Ese mismo año había sido elegido por sus compañeros para representar a la ATUNS en la comisión directiva de la federación nacional que reunía a las organizaciones de base de los nodocentes de todo el país.
Reintegrado a la UNS, la recuperación democrática de 1973 acercó la apertura de la política institucional al sector, que pasó a conformar los comités de gestión junto a docentes y estudiantes. La experiencia, breve pero inédita, marcó un hito en la democratización de las Universidades Nacionales. Trunca por la represión, la participación nodocente en órganos de cogobierno universitario recién se reactivaría dos décadas después.
Tras su cesantía, y con la amenaza de la Triple A como marca permanente, se trasladó a San Luis. Allí supo, a mediados de 1976, que era uno de los objetivos del aparato represivo comandado por Adel Vilas.
Comenzó entonces el largo peregrinar del exilio forzado. Luego de pasar por la Capital Federal, en marzo de 1978 salió del país rumbo al Paraguay y a Brasil, donde recibió la protección del Alto Comisionado de Naciones Unidas. Gracias a ese apoyo, pudo llegar junto a su familia a París. Para fines del mismo año integraba ya el Centre Argentin d’Information et Solidarité, que se encargó de difundir en Europa las denuncias por violaciones a los derechos humanos que descargaba sobre el país una dictadura que acababa de publicitarse con la organización del Mundial de fútbol.
Aquí, el informe completo del Núcleo de Historia Reciente de la UNS.